martes, 8 de febrero de 2011

¿Y ahora qué? En la anterior publicación hablaba de sueños y de lo mucho que hay que luchar para conseguirlos, pero resulta que estoy confundida. Lo quiero todo pero no sé por dónde empezar, hay miles de posibilidades para mí pero tengo miedo, miedo de equivocarme.

Reflexiones

Es imposible encontrar el trabajo de tus sueños. Es imposible que el amor dure para siempre. Es imposible conseguir que… Es imposible conseguir a… Es imposible que precisamente yo, que justamente a ... Es absolutamente impensable.
Porque, ¿cómo iba a tocarte a tí la lotería? ¿Cómo ibas a tener tú, tanta suerte?
Tomando las matemáticas como referencia, sin embargo, lo imposible tiene poco de inalcanzable. Es tan fácil como que quien compra un billete compra una posibilidad. Es el mismo mecanismo que siguen los sueños, y casi todo lo que merece la pena en esta vida. Para vivirlos primero hay que apostar por ellos. Y para eso hay que arriesgar primero. Pagar, por adelantado, un pequeño precio por una futura promesa.
Pero a las personas no nos gusta la incertidumbre. Queremos enamorarnos, pero que sea algo seguro, que no duela. Queremos el trabajo de nuestros sueños, pero nos asusta lo que implicaría correr tras él. Queremos ser muy felices, pero no nos atrevemos a apostar por ello.  Porque tenemos mucho miedo. Miedo a lo que podríamos perder. A que nos hagan daño. Al ridículo. Es demasiado arriesgado.
Cuánto mejor es sumarse al discurso colectivo. Hay mucho paro, el trabajo “perfecto”no existe, los hombres son malos, el amor no dura, soñar es de ingenuos, ser feliz es muy difícil y la lotería no toca.
Y mi pregunta es: ¿Cómo lo sabes?
¿Has jugado?
¿Has arriesgado? ¿Has tentado, de verdad, a la suerte?
¿Tienes un sólo billete?
Sólo hay una cosa cierta. Quien no juega no gana.

*Se agradece de antemano la siempre oportuna intervención del profesor tito.